José Manuel Díez Herrero escribe sobre la necesidad de que se tengan en cuenta «el mar, los ríos y las aguas dormidas» en el Día de Todos los Santos

Escrito por José Manuel Díez Herrero

1 de noviembre de 2025

En este Día de Todos los Santos, cuando el país entero se viste de silencio y las flores buscan el consuelo de los ausentes, también el mar, los ríos y las aguas dormidas merecen un pensamiento. Allí descansan aquellos que un día se sumergieron sin retorno: los ahogados, los que el agua guardó.

Hoy, mientras encendemos velas y el viento otoñal mueve las flores de los cementerios, el rumor del mar nos habla en voz baja. Nos recuerda que la prevención no es solo una palabra, sino una promesa: cuidar la vida, respetar el agua, enseñar a nadar, acompañar siempre. Que ningún nombre más se pierda entre las olas.

La prevención no es solo una palabra, sino una promesa

Según los datos del Informe Nacional de Ahogamientos elaborado por la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo, cada año pierden la vida por ahogamiento entre 400 y 500 personas en España. En 2023, la cifra superó los 470 fallecidos, lo que convierte al ahogamiento en una de las principales causas de muerte accidental en el país, por encima incluso de los accidentes de tráfico en algunas comunidades durante los meses de verano. Son cifras que duelen menos en los periódicos que en el corazón de quienes esperan en la orilla.

Detrás de las estadísticas hay historias humanas

La mayoría de estos sucesos se produce en entornos sin vigilancia, como playas fuera de temporada, ríos, embalses o piscinas privadas y por una falta de prevención y seguridad en las zonas de baño.

Pero detrás de las estadísticas hay historias humanas: abuelos que se aventuran al mar sin prever la corriente y niños que se escapan un instante de la vista, con el dolor y el desconsuelo de sus allegados y amigos.

Recordar a los ahogados no es solo un acto de duelo, sino también de conciencia.

En este Día de Todos los Santos, recordar a los ahogados no es solo un acto de duelo, sino también de conciencia. El agua, fuente de vida, se convierte a veces en escenario de muerte, y la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para evitarlo. La educación acuática, la cultura acúatica, la vigilancia en zonas de baño y el respeto por las normas de seguridad son deberes de las administraciones que pueden salvar vidas y que se pasan por alto.

Hay que exigir más medios humanos y materiales

Mientras las campanas repican en honor de todos los difuntos, también resuena la voz del mar, que guarda en su profundidad los nombres de quienes no regresaron. Recordarlos hoy es reconocer que su pérdida no fue inevitable, y que cada esfuerzo por prevenir un ahogamiento es un homenaje a su memoria. Por eso hay que exigir más medios humanos y materiales para evitar que vuelva a repetir la perdida de vidas humanas.

Hay que luchar para que se tomen más medidas preventivas y de seguridad por parte de las Administraciones, para no llorar la muerte por ahogamiento de un amigo o familiar, más aún cuando se podría haber evitado.